GROUCHO: No es que me importe, pero, ¿dónde está su marido?
M.Dumont: Mi marido está muerto.
GROUCHO: Apuesto que eso se lo dice usted a todos.
M.Dumont: Yo estuve con él hasta el final.
GROUCHO: No me extraña que se muriera.
M.Dumont: Le sostuve en mis brazos... y le besé.
GROUCHO: ¡Ah, ya! ¡Entonces fue asesinado! ¿Quiere casarse conmigo? ¿Le dejó mucho dinero? Conteste primero a la segunda pregunta.
M.Dumont: Me dejó toda su fortuna.
GROUCHO: ¿Ah, sí? ¿No ve que estoy intentando decirle que la amo?
martes, 24 de abril de 2007
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